2020: Nada hacía presagiar…

lo que este año traería a la vida de todos.

A nivel nacional, veníamos con un estallido social cada vez más grande y a nivel global, ni hablar, el covid19 nos hizo cambiar la realidad.

Nos puso en jaque…cómo abordar este mundo nuevo, este mundo incierto, este mundo desconocido.

El mundo se detuvo y yo no fui la excepción…

Venía con una serie de proyectos, planes y metas para alcanzar, que poco a poco se fueron diluyendo y con eso se fue mi energía y empezó el stress, miedo, dudas, penas y demás.

Todo cambió en mi entorno.

Vi y conocí personas que perdieron su trabajo, cayeron en depresiones, perdieron familiares y un sinfín de efectos negativos, los cuales aun siguen inciertos.

Hubo días de insomnio, de sentirse pegado, solo, de “no encontrar un motivo”. Así pasé un buen rato de días/meses, hasta que poco a poco (con ayuda de amigos y mi propio permiso para intentarlo) empecé a resignificar el proceso y todo lo que me rodea.

“Lo escencial es invisible a los ojos”.

Empecé a valorar y abrazar lo que tenía y dejar de lamentarme por lo que no.

Suena cliché, es cierto. Es más, suena fácil, pero es muuuuuyyyyyyy difícil, porque tenía planes, metas, un futuro “que me había trazado para este año” que se fueron todos, sin excepción, a la basura y eso duele y mucho.

Pero… tal como lo publiqué en otro post… o lloramos o hacemos pañuelos era absolutamente necesario intentar algo distinto.

Y no sólo en lo laboral, sino que en todas las dimensiones posibles.

El primer paso fue hacia afuera… amistades, familia, trabajo: cuidarlos, valorarlos y decirles lo que sentía/siento.

Sin embargo, el segundo paso fue el más complejo y difícil, era dar ese paso hacia dentro y explorar desde lo más profundo lo que quería/quiero.

¿Lo que esperaba de mí para este 2020 era realmente lo que quería/necesitaba?

Acá mi principal descubrimiento…

Me sentí vulnerable y por otro lado, me atreví a hacerlo.

Durante gran parte de mi vida me he protegido… he puesto trabas, distancias, he sido muy conservador, tímido y cobarde… por temor al fracaso, a caer, a fallar, a quedar expuesto, a no ser querido… a no ser correspondido o aceptado…. siempre actué en modo “bajo control”…

y que logré?…

Algunos éxitos temporales, algunos minutos de “felicidad”, relaciones con “cierto grado de profundidad”, cambios menores.

Este año… vi el fracaso cerca… como una sombra que cada vez era mas grande… y que si bien mi primera reacción fue arrancar, no fui lo suficientemente rápido…

Cuando se me acabó la energía, me entregué… y sabes?…No era tan malo…

Me sentí vivo… humano… frágil… mas “yo…y mi esencia”.

De hecho, la sombra grande no era el fracaso, si no yo mismo que estaba creciendo al abrazar y reconocerme con mis luces y sombras.

Decidí esperar nada y lo estoy encontrando todo.

Estoy llegando a cerrar este ciclo lleno de esperanza y al ser la última publicación de 2020 quisiera invitarte a mirarte hacia dentro y sobre eso construir.

Date el permiso para encontrar tu propósito, conocerte y quererte… ábrete a la posibilidad de fallar y errar. Nada malo pasará.

Un abrazo gigante, lleno de amor y con todo el deseo que este 2021 te acerque a lo que quieres para ti.

Soy Roberto Jaramillo, un aprendiz de escritor que comparte reflexiones e ideas para invitar a otros a explorar nuevos caminos que contribuyan a ampliar la mirada sobre sí mismos.

www.thehumanfactor.cl

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